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Nuestra familia



En Hotel Rural Villa del Monte, nos apasiona la hospitalidad y la autenticidad. Conoce nuestra historia, nuestros valores y a las personas que hacen que cada estancia sea especial.

Sebastian, el corazón de Villa del Monte



Sebastian nació en Alemania, pero tuvo la gran suerte de crecer en este pequeño paraíso llamado Gran Canaria.


Desde niño, su vida estuvo ligada al encanto de Villa del Monte. Pasó gran parte de su infancia en casa, ayudando a servir desayunos y recibiendo a los huéspedes junto a su familia. Aquellas experiencias, llenas de sonrisas y conversaciones con viajeros de todo el mundo, despertaron en él una pasión profunda por la hospitalidad, que lo llevó a estudiar en el Hotel Escuela de Santa Brígida.


Durante varios años trabajó como cocinero, aprendiendo los valores de la dedicación, el esfuerzo y el arte de cuidar los detalles. Más tarde, dio un paso más en su camino profesional y viajó a Alemania para formarse en dirección y gestión hotelera.

Hasta el año 2020 formó parte de la dirección de distintos hoteles pertenecientes a grandes cadenas internacionales. Sin embargo, la llegada del COVID cambió su rumbo: fue entonces cuando decidió regresar a casa y asumir el legado familiar.

Tras dos años de intensas reformas y mucho trabajo, Villa del Monte volvió a abrir sus puertas. Hoy, Sebastian vive su sueño: trabajar en la casa que lo vio crecer, en el lugar donde compartió tantos buenos momentos con quienes, siendo al principio desconocidos, terminaron convirtiéndose en parte de su familia.

Con esa misma ilusión, continúa escribiendo esta historia, deseando que cada nuevo huésped que llegue a Villa del Monte se sienta parte de algo más que un alojamiento: una familia que sigue creciendo día a día.

Petra, el alma de Villa del Monte



Petra es la visionaria fundadora de nuestro querido Hotel Rural Villa del Monte. Originaria de Alemania, tomó una de las decisiones más valientes de su vida: dejar atrás su país y comenzar de nuevo en Gran Canaria, junto a sus dos hijos pequeños, en busca de un lugar donde crecer, soñar y construir un futuro lleno de sentido.

Tras años de esfuerzo, ilusión y una búsqueda incansable, Petra encontró aquí, entre montañas y naranjos, el rincón perfecto para hacer realidad su sueño: un hogar donde pudiera unir su pasión por la hospitalidad con su papel de madre entregada.

Desde entonces, Villa del Monte no solo ha sido una casa, sino un refugio lleno de vida, calidez y cariño. Cada habitación, cada planta del jardín y cada gesto hacia nuestros huéspedes reflejan el espíritu de Petra: su generosidad, su dedicación y su manera única de hacer sentir a todos como en familia.

Hoy seguimos caminando gracias a ella. Su energía, su amor y su ejemplo siguen siendo el corazón de este lugar. Porque más que una fundadora, Petra es, y siempre será, el alma de Villa del Monte.

Saba, la sonrisa de nuestra casa



Saba ha sido una figura maternal y un verdadero faro en Villa del Monte durante los últimos cinco años.


Como responsable del departamento de limpieza, no solo se asegura de que cada rincón de nuestra casa brille, sino que también se preocupa profundamente por el bienestar de cada huésped que cruza nuestras puertas.


Su dedicación va mucho más allá de la limpieza. Cada detalle, cada arreglo floral y cada gesto reflejan su amor y su deseo de que todos se sientan como en casa. Saba tiene un don especial para conectar con las personas: siempre encuentra el momento perfecto para ofrecer una palabra de consuelo, una sonrisa o simplemente una presencia amable.

Su calidez y su compromiso hacen que Villa del Monte no sea solo un lugar donde alojarse, sino un verdadero hogar lejos del hogar.

Pedro, el alma práctica de Villa del Monte



Pedro es mucho más que el responsable de servicios técnicos y del cuidado del jardín en Villa del Monte. Desde hace dos años, se ha convertido en un pilar fundamental en la creación y conservación del ambiente acogedor que define nuestra casa.


Su característica más entrañable es su alegre silbido, una melodía constante que llena el aire de serenidad y arranca sonrisas a todos los que lo escuchan.


No hay reto que Pedro no pueda superar. Su caja de herramientas y su ingenio son la mejor garantía de que todo en Villa del Monte funcione a la perfección. Pero más allá de su talento, Pedro es un amigo leal y un compañero generoso, siempre dispuesto a escuchar, ayudar y ofrecer una palabra amable tanto a sus compañeros como a nuestros huéspedes.


Quienes se cruzan con él suelen descubrir no solo a un gran profesional, sino a una persona llena de sabiduría, historias y una calidez humana que dejan huella.
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